viernes, 19 de junio de 2009

Lentamente se acurrucó en la cama. Afuera el tiempo era caluroso y una leve brisa del sur se adentraba en la habitación por debajo del pequeñó hueco que dejaba la persiana. Intimidad, eso es lo que quería sentir en ese ambiente. Intimidad para abrir el regalo.
Un regalo pequeño, pero con un gran significado.
Despacio, se fue desnudando, quería que aquel regalo le vistiera de amor, de sensaciones, de olores y sueños. Por ello se metio desnuda en la cama, apagó todas las luces, menos la de una pequeña vela que cubrió toda la habitación de embrujo, de magia.
Y le dio al play, unas palabras de una voz conocida comenzaron a hacerle sonreir. Se sabía de memoria aquel monólogo, pero esta vez le sonaba diferente, lo degustaba como si fuera la primera vez, sonaba distinto, y esta vez entendió que este sentimiento que se le había colado entre los huesos era verdad. Estaba enamorada y cada una de esas canciones le hizo sentir un amor distinto; un amor tranquilo, sereno, un amor aventurero, un amor pasional, un amor sensual, otro travieso, melancólico, triste, embriagador y temerosos. Tocó todas la sensaciones con un par de canciones, todas ellas dedicadas a ella.

Y en un momento se quedó grabada un par de frases, un par de lágrimas acariciaron sus mejillas, que ella intentó limpiar, y con la imaginación intentó creer que esa mano que limpiaba sus lágrimas de felicidad eran las de él, que a pesar de la distancia se encontraba con ella, sin permitir que aquella noche, su corazón se rompiera en mil pedacitos.

Por primera vez, ella supo que era él, que eras tú, que te eoncontró.

miércoles, 17 de junio de 2009

Me levanté bajo esa sensación de estar despierta y no poder reaccionar.
Parpadeo cada dos microsegundos,
empieza mi lengua a salibar,
marca en la piel de las sábanas que ayer por la noche anudamos entre nuestras cinturas.

Comencé a desperezarme, mi pupila me permitió divisar el sudor que recorría mi pecho, una gota dibujaba la huella que habías dejado sobre él, todavía palpitante.

Durante 45 minutos había tocado el cielo y ahora temía poner los pies en el suelo por si mis tobillos habían olvidado lo que era caminar por el mundo terrenal.

domingo, 14 de junio de 2009

Siempre he dicho que los lugares influyen. Que por mi sangre circulan las sensaciones que aquellos rincones me creaban. Recuerdos de años, personas, amores, corazones rotos...
Se que tengo recuerdos indestrucctibles, paraisos en mitad de los edificios que me dejan ver la claridad de mis nubarrones sentimentales, que nunca nadie los puede penetrar, que solo lo comparto conmigo, con esa persona que a veces entiendo y otras no comprendo.
Esa soy yo, a base de lugares, árboles, mesas, sillas, libros, cafés, licores, azul, verde, gris, rojo, música, silencio, soledad, compañía. Algunos parece que no recuerdo, otros se han quedado grabados en la retina.

Una persona no es de donde nace, sino de donde vive.

jueves, 11 de junio de 2009

He conseguido encontrarme,
estaba acurrucada en tu ombligo.

sábado, 6 de junio de 2009

He querido volver a hacerlo, me he tenido que atar a la cama para no ser deborada por mis instintos.
He notado como la sensación me recorría toda la espina dorsal, incrustándose en los huesos, en cada vena afloraba un chorro de ansiedad.

Lo siento, dejé de ser yo, desde aquel verano.

martes, 2 de junio de 2009

Recuerdo una noche, de esas del principio de toda esta historia. Ya conocía algunas inquitudes tuyas y ese afán por ver las cosas que para otros pasan desapercibidas.

Recuerdo tu manera de cogerme, de abrazarme, como tu espalda era mi máximo horizonte por descubrir.

Recuerdo que todavía ese capítulo no está cerrado y que algún día nos volveremos a ver.

lunes, 1 de junio de 2009

Y allí volvías a estar tú.
Otro paisaje, otras vidas, otras manos, otro olor.

Volvieron tus caricias, tus suspiros al aire, tus mejillas sonrosadas.
Calor que hacía levantar mi falda, sudores frios que me hacian temblar.

Y allí volvía a estar tus labios, con otra tesitura y otro sabor; tu altura, tu cintura, tu lunar de la espalda, tu cómodo pecho.

Volvieron las palabras, que conocía al pie de la letra, el tararear de una canción, la blusa abierta, las piernas en la cintura.

Volvías, aunque yo maldecía ese momento, segundas oportunidades, cuerpos conocidos, sentimientos parecidos.

Dejavu