martes, 9 de octubre de 2012

He llegado al momento en el que esto me importa.
Todo se va a la mierda y estoy en el epicentro.
Hay que comenzar a decidir las cosas que salvamos de este colapso.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Será que ya no puedo más.
Que ha llegado el momento de pegarme un disparo de sentimientos sobre mi mente escurridiza.
Echaré por ese agujero mil y una ideas que no sirven de nada e intentaré taponer alguna por si vuelves a creer en mi.

domingo, 9 de septiembre de 2012

No sé que nos puede quedar entre las manos, cuando tú, ni tan siquiera me miras.
Cuando podría crear un mundo en el medio de estas dos palmas sudorosa y frías.
He creído que podría reiniciar, reconstruir, volver al origen de todo. Pero no, es irremediable, es triste reconocerlo y mucho más no poder ponerle remedio.
Por tanto mis manos estás vacías, pero siguen sudorosas y frías, más que antes, más que cuando me dabas la mano y no te importaba. No me queda más remedio que juntar los puños y golpear fuertemente mi corazón por si obtengo más vida, más respiración.

lunes, 6 de agosto de 2012

Sin duda el momento es terrible.
La situación impredecible.

Unas necesidades que tú las convertías en mimos.
Unos antojos que tú los convertías en vicios.

Sin duda el momento era preciso.
La situación impuesta.

Una lucha que tú la convertías en contínua.
Unas dudas que tú las convertías en males.

Sin duda el momento era necesario.
La situación injusta

lunes, 30 de julio de 2012

Quería que me volviese a mirar.
Que me llamase por mi nombre.
Que me susurrase en la barriga.

Quería que me volviese a tocar.
Que me hiciera el amor.
Que me lamiese la espalda.

Quería que me volvise a besar.
Que me absorviese las lágrimas.
Que me hiciera reir.

lunes, 16 de julio de 2012

A veces es sólo intentarlo.
Otras es dejarse llevar.
Todas empiezan con un botón de reinicio.

lunes, 9 de julio de 2012

En ocasiones las lágrimas duelen.
Afloran como cuchillas. Rajan hasta que la sangre inunda tus pensamientos.
Pequeñas rajas, que sabes que se cierra, que parece que nunca estuvieron ahí, pero están.
Se abren, se cierran, duelen, se curar y vuelven a sangrar cuando uno menos se lo espera.
A veces tienen nombre, a veces son únicamente una necesidad.
Yo suelo saber en que momento afloran, las estoy esperando, limpio la zona y siemplemente me quedo en silencio. Son puntuales. Sólo es cuestión de conocerse.