domingo, 9 de septiembre de 2012

No sé que nos puede quedar entre las manos, cuando tú, ni tan siquiera me miras.
Cuando podría crear un mundo en el medio de estas dos palmas sudorosa y frías.
He creído que podría reiniciar, reconstruir, volver al origen de todo. Pero no, es irremediable, es triste reconocerlo y mucho más no poder ponerle remedio.
Por tanto mis manos estás vacías, pero siguen sudorosas y frías, más que antes, más que cuando me dabas la mano y no te importaba. No me queda más remedio que juntar los puños y golpear fuertemente mi corazón por si obtengo más vida, más respiración.

lunes, 6 de agosto de 2012

Sin duda el momento es terrible.
La situación impredecible.

Unas necesidades que tú las convertías en mimos.
Unos antojos que tú los convertías en vicios.

Sin duda el momento era preciso.
La situación impuesta.

Una lucha que tú la convertías en contínua.
Unas dudas que tú las convertías en males.

Sin duda el momento era necesario.
La situación injusta

lunes, 30 de julio de 2012

Quería que me volviese a mirar.
Que me llamase por mi nombre.
Que me susurrase en la barriga.

Quería que me volviese a tocar.
Que me hiciera el amor.
Que me lamiese la espalda.

Quería que me volvise a besar.
Que me absorviese las lágrimas.
Que me hiciera reir.

lunes, 16 de julio de 2012

A veces es sólo intentarlo.
Otras es dejarse llevar.
Todas empiezan con un botón de reinicio.

lunes, 9 de julio de 2012

En ocasiones las lágrimas duelen.
Afloran como cuchillas. Rajan hasta que la sangre inunda tus pensamientos.
Pequeñas rajas, que sabes que se cierra, que parece que nunca estuvieron ahí, pero están.
Se abren, se cierran, duelen, se curar y vuelven a sangrar cuando uno menos se lo espera.
A veces tienen nombre, a veces son únicamente una necesidad.
Yo suelo saber en que momento afloran, las estoy esperando, limpio la zona y siemplemente me quedo en silencio. Son puntuales. Sólo es cuestión de conocerse.

jueves, 28 de junio de 2012

Puede que el agua sobre mi cuerpo intente dejar señales.
No creo que duelan, pero sí que hay sangre. De la que se derrama y llena sentimientos.
Tal vez el agua, en pequeñas gotas trace un camino.
No creo que llegue a ninguna parte, pero si que hay ganas. De las que permiten amar.
Sin embargo toda se evapora, desaparece sobre mi vientre.
No creo que tu paso por mi sea lo mismo, pero si que has sido necesidad. De la que alimenta mis entrañas.

domingo, 10 de junio de 2012

Me digiste transparencia. Honestidad. Verdad.
En cuanto le diste la mano a ella yo sentí. Mentira. Crueldad. Falsedad.
A mí me  hiciste el amor entre el sol de la ventana y las sombras de tus dedos.
Yo era aquella a la que digiste que podrías crear vida entre sus pechos.
La que te lamí y acariciaba. A la que penetrabas hasta la saciedad.
Cuando la besaste frente a mí supe que no eran más que palabras. Que un nuevo fantasma tenía nombre y apellidos y se colgaría de mi por un tiempo. Hasta que un nuevo sol despertase entre esa ventana y me volviera a penetrar. Pero esta vez de verdad.