sábado, 9 de enero de 2010

La chica de ojos saltones te mira y tu ni volteas la cabeza.
Sus ojos, llenos de mentiras para que no le hieran tus verdades, te miran y tu ni te das cuenta.
A tanta distancia sus pupilas no atraviesan tu corazón.
No quiere jugar con él, sólo quiere saber que todavía está vivo.

viernes, 8 de enero de 2010

Quise no hacer daño, pero mis manos rompieron civilizaciones.
Mis pies destruyeron bosques y derramaron mares.
El daño volvió a mí convertido en palabras.
Quise borrar mis actos, pero me obligué a mirar para delante.
Chevalley me dijo al odio "Algo debe cambiar para que todo sigal igual"

Y aquí estoy, con mis manos impregnadas otra vez de frases sin sentido,
para que alguien, aún más sin sentido, quiera leerlas.


sábado, 12 de diciembre de 2009


Hoy solo queda una imagen en mi retina. Dos personajes anónimos que se esconden tras un
traje de piel ajeno.

Para no dañar,
para no mentir,
sólo para amar.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Tu "yo" se clavó en mí como una espina.
Quise que cada día se clavara más y me impidiera respirar;
el deseo de que sin respiración mi palpitar fuera más fuerte y lo oyeras desde la distancia.

Tu "nosotros" se hizo más asiduo entre mis verbos.
Quise que un "nuestro" significara siempre un "tuyo" y un "para siempre";
el deseo de que sin tu lengua el verbo se quedara sin sujeto y no quisieras intentarlo.

El eterno retorno nos hace volver a cruzarnos, a querernos, a amarnos.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Me levanté pronto, con los ojos nostálgicos.
Ví luz pero no eras tú.
De nuevo te habías escurrido entre mis fantasias

martes, 1 de diciembre de 2009

Y como llegó la mañana se fueron las mentiras,
las lágrimas de ayer se conviertieron en legañas que cierran tus ojos creandote una mentira que solo está en tu cabeza.

Como vino se fue sin avisar, tantas palabras, tan pocas metas cumplicas.
Me sentí una cualquiera en manos del amor infravalorado.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Elena, al igual que la Ana de la canción, quiere jugar en la alfombra
cruzar sus pies con los de él.
Rozar su piel, oler su cuerpo y darse cuenta de que nunca se fue lejos.